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Primer viaje a Marruecos: por qué empezar en Marrakech

Marrakech es una puerta de entrada ideal: conexiones aéreas, una medina inolvidable y el Atlas y el desierto a pocas horas.

Para muchos viajeros, Marrakech es el primer contacto con Marruecos, y tiene sentido: es fácil llegar en avión desde numerosas ciudades europeas y concentra en pocos kilómetros buena parte de lo que hace especial al país.

Una medina para perderse (con calma)

La plaza Jemaa el-Fna cambia de ritmo a lo largo del día: zumos de naranja por la mañana, músicos y cuentacuentos al atardecer y puestos de comida por la noche. A su alrededor se extienden los zocos, organizados por oficios: tintoreros, herreros, marroquineros.

Las primeras horas pueden resultar intensas. Conviene tomarse la medina con calma, alojarse en un riad para descansar del bullicio y, si es tu primera vez, recorrerla con un guía local.

Qué no perderse

  • La madraza Ben Youssef y sus trabajos de yeso y madera de cedro.

  • Los jardines Majorelle, con su característico azul.

  • El palacio de la Bahía y sus patios.

  • Un atardecer desde una terraza sobre la plaza.

Un buen punto de partida

Desde Marrakech se llega en pocas horas al Atlas, y en una ruta de dos o tres días a las dunas del Sahara. Por eso muchos itinerarios empiezan aquí y continúan hacia el sur o hacia el norte, a Fez y Chefchaouen.

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